“Hay que replantear los derechos ciudadanos porque se quedaron cortos” . Entrevista a Jordi Borja, urbanista catalán

El modelo neoliberal a través del  “perverso mercado financiero” encontró en las urbanizaciones un excelente negocio de inversión especulativa que generó la gran crisis capitalista al comenzar el siglo XXI y que explotó con las denominadas hipotecas basura en Estados Unidos. Por ello, se hace prioritario elaborar alternativas de modelos de desarrollo urbano distintos al de la ciudad como negocio y, simultáneamente, “reinventar los derechos ciudadanos” porque se quedaron cortos para responder a las demandas sociales, afirmó el sociólogo, urbanista y abogado catalán, Jordi Borja.

Al abrir la Cátedra Orlando Fals Borda promovida por la Administración Distrital de Bogotá, La Registraduría Nacional del Estado Civil, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Corporación Viva la Ciudadanía, el especialista español hizo un completo análisis sobre los desafíos de la participación ciudadana y la necesidad de generar nuevas propuestas de modelos urbanos en los que haya una simetría entre las políticas públicas y los requerimientos sociales.

Borja ha alternado su trabajo de investigación y docencia con la actividad política y la consultoría. En su larga trayectoria profesional se ha desempeñado como  diputado al Congreso de Cataluña, vicealcalde de Barcelona, director de la Maestría  de Políticas y Proyectos Urbanos de la Universidad de esa ciudad y ha participado en la elaboración de planes estratégicos y proyectos de desarrollo urbano de varias urbes europeas y latinoamericanas. Entre los libros que ha publicado se destacan Local y Global: la gestión de las ciudades en la era de la información (Taurus Ediciones, 1997) en colaboración con Manuel Castells, y La ciudad conquistada (Alianza Editorial, 2003).
Este científico social es, en resumen, uno de los urbanistas españoles más importantes y de mayor proyección a nivel mundial.

La ciudad como espacio democrático

Uno de los elementos esenciales en los procesos democráticos es la participación ciudadana, que para Borja no se debe confundir con movilización social, sino que consiste en crear un escenario que permita una simetría entre los ciudadanos que expresan sus demandas y aspiraciones y las instituciones gubernamentales encargadas del diseño y ejecución de las políticas públicas. De esta manera se logrará responder a las necesidades de las comunidades.

Y es que la ciudad es parte fundamental de la solución a la crisis de modelo económico generado por el neoliberalismo que con su desmedido propósito rentístico dejó todo al albur del mercado. “Los gobiernos locales son más eficaces en la solución de los problemas porque están más cerca de las realidades”, explica.

Para avanzar hacia ciudades más democráticas, Borja plantea la necesidad de que los sectores sociales e intelectuales radicalicen su crítica y sus actitudes de resistencia frente a lo que él denomina la “ideología del miedo” que se expresa mediante la construcción de conjuntos cerrados que atentan contra el uso de los espacios públicos.

Es un crítico de los complejos arquitectónicos ostentosos porque generan segregación y desigualdad. Aunque es consciente de lo avanzado de su planteamiento no duda en proponer que habrá necesidad de avanzar en la “municipalización del suelo urbano”, pues “¿es lícito la propiedad privada del suelo?, se pregunta. “El suelo como el agua, la energía, el aire, son bienes naturales de la humanidad que no pueden ser propiedad privada”, responde.

Ante las actuales circunstancias del capitalismo, el urbanista catalán considera indispensable para lograr mayor justicia social que las plusvalías urbanas se reviertan en un alto porcentaje a solventar  las necesidades de las comunidades.

“Hacer ciudad es el respeto por la dignidad de las personas”, garantizando en forma real y efectiva sus derechos, colige.

Multiculturalismo e integridad

Para enfatizar sobre estos tópicos el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET abordó al profesor Jordi Borja.

–                  Usted ha señalado que estamos en la primera fase del multiculturalismo en las ciudades. ¿Por qué?

–                  Históricamente ha existido el mito de que en las ciudades la gente tenía unos mismos comportamientos, compartía unas pautas culturales, por lo tanto las sociedades eran compactas, homogéneas, en las que se tenían unos mismos valores, una misma religión, eso es exagerado, pero si que es cierto que en nuestra época por efectos de la globalización y los mercados financieros se han producido unas migraciones importantes y mucho más diferenciadas, porque proceden de diversas partes del mundo.  Esto no es un problema porque las ciudades siempre han sido muy integradoras y multiculturales. De otro lado, los que vivimos en la ciudad también hemos adquirido comportamientos culturales de otros lugares porque hemos viajado o por efectos de los medios audiovisuales, por eso creo que todos somos un poco multiculturales. Yo creo que ahora las ciudades son en buena medida más  multiculturales que antes porque sus habitantes también lo son individualmente.

–                  El sociólogo alemán Ulrich Beck habló de la necesidad de “pensar globalmente y actuar localmente”. ¿Tras el fracaso total del neoliberalismo se puede seguir planteando ese presupuesto?

–                  Usted atribuye esa frase a Ulrich Beck, pero él la ha copiado de movimientos sociales que la utilizaron mucho antes que aparecieran en sus escritos. Sí, se puede decir ello, pero también se puede decir lo contrario. Las dos cosas valen porque cada realidad local, cada ciudad es una identidad en sí misma, tiene una especificidad y una cultura propias no solo generadas por la historia sino por el presente. Para defender la identidad local también tenemos que actuar globalmente porque en cada ámbito local recibimos los efectos de procesos globales.

–                  ¿O sea, podríamos hablar de un término nuevo como la “glocalización”?

–                  Sí, ese es un término que yo utilicé por primera vez hace unos quince años, junto con otras personas.  Hay una dialéctica en torno a lo global y lo local permanente. Por eso reitero lo que manifesté anteriormente: hay que pensar tanto global como localmente.

–                  ¿Cuál es el desafío de la participación ciudadana hoy en día en los procesos políticos y de gobierno?

–                La participación supone una relación entre unos ciudadanos que tienen derechos, demandas y reclamos, y unas políticas públicas que instituciones más o menos democráticas promueven. Entonces, la participación es el punto de encuentro cuando se generan escenarios en que coinciden unos y otros. Para esto, las políticas públicas y los derechos ciudadanos deben tener una cierta simetría para que haya efectiva respuesta. En estos momentos creo que hay que replantear las políticas públicas urbanas puesto que nos han llevado a situaciones catastróficas; y hay que replantearse los derechos de los ciudadanos porque los clásicos como los derechos civiles, políticos, sociales como el derecho al empleo, por ejemplo, no son suficientes. En una época de precarización del empleo y del trabajo, pues debe haber derecho al salario ciudadano, derecho a la formación continuada. El derecho a la vivienda cuando se crean conjuntos a kilómetros de donde hay un tejido social, una oferta cultural, ya no es suficiente. Hace falta vivir en un tejido urbano, tener accesibilidad, contar con equipamientos, movilidad, espacio público, etcétera. Por lo tanto, el desafío de la participación es el de reinventar los derechos ciudadanos y elaborar alternativas de modelos de desarrollo urbano distintos.

–                  ¿Es lo que usted denomina Derecho a la Ciudad?

–                  Exactamente, es el Derecho a la Ciudad, sobre el que hemos escrito varios autores como David Harvey, Habitat International Coalition, entre otros, y que constituye uno de los grandes temas de nuestra época.

Bogotá, octubre de 2009.

Por Fernando Arellano Ortiz

Publicada inicialmente en Cronicon.net y http://www.hic-net.org/

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