Padre Gerardo Ouisse: “Hay un muro de egoísmo y desprecio por las poblaciones”

Fuente: La Nación Domingo 6 de abril de 2008

Trabaja hace seis años en la población La Legua, pero dejó los pies caminando y trabajando para las poblaciones José María Caro y Lo Valledor. Asegura que La Legua se ha convertido en un verdadero gueto, donde a la gente no le interesa entrar y los pobladores no pueden salir.

-¿Tienen problemas con la asistencia y las ambulancias?

-En el caso de que se atrevieran a llegar en medio de una balacera, tendríamos que asistir al Policlínico Toro y Zambrano. No es sólo que no llegue la asistencia pública, todo es un tema muy complicado. Cuando hay balaceras, Carabineros no siempre interviene. Yo creo que el derecho de un poblador es ser protegido, sobre todo porque hay niños.

-¿Qué sucede en los días de balacera?

-Se viven situaciones complicadas y los pobladores quedan abandonados a la ley de la calle. Pero podemos partir por otros problemas: hay un montón de niños que no asisten al colegio ni tampoco hay escuelas adaptadas para ellos. En La Legua no hay ninguna farmacia, para todo hay que salir a Vicuña Mackenna o a Gran Avenida.

-¿Qué dicen los pobladores de todo esto?

-El gran problema es que existe un concepto de gueto donde nadie entra ni sale de la población. Es un problema de sociedad. Si no se atacan todos los problemas de los pobladores, nunca cambiará la situación.

-¿Qué cree que ocurrió en Villa Francia?

-Creo que lo ocurrido en Villa Francia es un signo de lo que pasa en la mayoría de las poblaciones de Chile. Éstas son marginadas del resto de la sociedad, porque no le interesan a nadie. La gente tiene miedo de entrar. Cuando uno es testigo de todas las carencias que hay aquí, te das cuenta que existe descalificación. Para mí, lo que pasa en La Legua no es excepcional, como tampoco lo es que los pobladores esperen un año por una cama en un hospital.

-Y en La Legua, ¿cómo es el tema de los servicios primarios?

-La Legua es una población en que viviendas de emergencia fueron entregadas hace 50 años, por seis meses, y aún la gente vive en las mismas casas. Lo mismo pasa en La Pintana y en La Pincoya. Nunca vamos a terminar de hacer todo lo que falta. Para salir de esto se necesita que la sociedad completa sea un aporte: empresarios y servicios de vivienda. Es un debate que se debe poner en el tapete.

-¿Es más difícil conseguir un empleo y necesario ocultar el domicilio si se vive en las poblaciones?

Sí, es un síntoma de muchas poblaciones que se encuentran detrás una muralla que las separan de otro Chile. No me puedo resignar, tengo la esperanza de que se puede construir un Chile diferente.

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