El cambio climático que no estaba previsto

Flickr.com / rhurtubia

El urbanista Jonás Figueroa sigue convencido de que urbanizar el ex aeródromo resulta un gran error: no se estudió la zona como un todo, sino que simplemente se consideró como un predio desocupado atractivamente cerca del centro de la ciudad.

Pero no sólo se trataba de una pista aérea estratégica. También, dice, consolidaba un eje de flujo de vientos SO-NE que ayudan a despejar el esmog del núcleo capitalino.

Figueroa, académico de la Usach, viene insistiendo en ello desde hace más de diez años. Pero las autoridades son impermeables al mensaje.

por Richard García

Cuenta que una autoridad le dijo que no importaba porque los vientos fluyen a 500 metros de altura, pero cuando hizo pruebas en terreno la intensidad mayor se percibía a ras de suelo.

“Lo que más necesita esta ciudad es ventilación durante el invierno. Cualquier cosa que altere el régimen de vientos debe ser estudiada, sostiene el geógrafo de la U. de Chile Hugo Romero. Junto a su colega Alexis Vásquez, han expuesto el tema ante la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados, que le siguió la pista al proyecto y también ante el proceso judicial.

Romero es otro de los convencidos de que el proyecto, por su carácter emblemático y la superficie que ocupa, requiere de una evaluación ambiental rigurosa, ya que no estaba sólo circunscrito a sus 245 hectáreas, sino que era una invitación a urbanizar las 7.432 hectáreas que conforman el antiguo cono de aproximación al aeropuerto y de los ricos suelos agrícolas anexos, algo que ratificó ayer la propuesta de nuevo plano regulador para Santiago.

En Ciudad Parque, Juan Manuel Sánchez garantiza que el proyecto no afecta la ventilación de la ciudad y que incluso el año pasado encargaron un estudio a la UC que lo ratificó.

Pero para Romero, aunque el parque central de 50 hectáreas que contempla el proyecto funcione como un canal de ventilación más estrecho, no tendrá utilidad alguna si hacia el sur se construyen grandes edificios.

Romero y Vásquez sostienen que un proyecto de tal envergadura cambia radicalmente el clima. Debiera generar áreas de calor porque sustituir terrenos agrícolas o llanos por construcciones significa cambiar la temperatura, también debería disminuir la humedad del suelo y de la atmósfera, dicen.

Un precedente que preocupa

En la confluencia de Pudahuel y Maipú hasta fines de los años 80 existía un cono similar al de Cerrillos que representaba una reserva de suelo agrícola y humedad. Tras su urbanización entre 1989 y 2003, Romero y Vásquez registraron que 1.184 hás aumentaron sus temperaturas superficiales, 694 hás disminuyeron la humedad del suelo y 759 redujeron su productividad vegetal. Adicionalmente, 898 hás redujeron su biomasa. Se perdieron 992 hectáreas de suelo clase I.

Fuente: El Mercurio Viernes 18 de Abril de 2008

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