Cultura

Se puede entender como un sistema de ideas, valores, creencias vigentes en un lugar y época.

HARAMOTO N., Edwin. Un enfoque actual sobre la enseñanza de la arquitectura en Chile. Boletín del Instituto de la Vivienda. 16(44): 103-111, noviembre 2002. ISSN 0716-5668. p. 107

Otros autores

Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

RAE. Diccionario de la lengua española [En línea]. [Fecha de consulta: 7 agosto 2015]. Disponible en: http://lema.rae.es/drae/.

 

De este primer enunciado (referente a lo planteado por la ONU) se establece, a continuación, que la cultura debe entenderse como una cualidad inherente al ser humano racional y crítico, diferenciándonos del resto de los seres vivos que no son capaces de reconocer el registro de sus vivencias como nosotros. Posibilitándonos, consecuentemente, de tomar consciencia de nosotros mismos, discernir valores, expresar nuestros cuestionamientos y crear obras que nos trascienden.

AGUILAR HERNÁNDEZ, Lorena. Hacia un tejido complejo de espacios culturales. Exploración en materia de estándares para el equipamiento cultural. Santiago, Chile, Universidad de Chile, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Instituto de la Vivienda. 2012. 149 p. Seminario INVI. p. 27.

 

La cultura en forma integrada comprende no solamente las actividades de carácter simbólico sino también técnicas, tecnologías, y formas organizativas. Así, la antropología ha demostrado que las técnicas materiales han intervenido decisivamente en las prácticas culturales desde el principio de las organizaciones humanas.

AUDEFROY, Joël. Desastres y cultura: una aproximación teórica. Revista INVI. 22(60): 119-132, agosto 2007. ISSN 0718-1299. p. 122.

 

Conjunto de formas de vida o interpretaciones de la misma en un lugar y tiempo determinados, creados, aprendidos y transmitidos de una generación humana a otra.

CAMACHO CARDONA, Mario. Diccionario de arquitectura y urbanismo. México D.F., Trillas. 1998. 776 p. ISBN 968-24-4723-2. p. 222.

 

La cultura se diferencia de la naturaleza por no ser, como ésta, por decirlo así, mera presencia (…) sino objeto o proceso al cual está incorporado un valor, que tiende a un valor y está subordinado a él. De ahí que un objeto natural pueda ser también un objeto de la cultura y viceversa (…) Los objetos de la cultura son así objetos formados – o transformados – por el espíritu. Pero los objetos culturales no necesitan ser forzosamente objetos de la naturaleza elaboraos y cultivados (…); pueden ser también, y son en la mayor parte de los casos, objetos no representados a través de una entidad natural: mitos, leyendas, creencias religiosas, organizaciones políticas, ideas científicas, prácticas morales, costumbres. Toda esa gran cantidad de objetos, que pueden o no estar encarnados en un objeto natural pero que en todos los casos hacen referencia a un valor o disvalor, constituyen el mundo de la cultura. (…).
Pero la cultura no es solamente lo creado, lo formado y lo transformado; es también el acto de esta transformación, el proceso de la actividad humana que se objetiva en los bienes. (…)
Si la vida humana es continuamente una formación y transformación de bienes culturales según su espontaneidad originaria, es también, al mismo tiempo, un vivir dentro de los bienes transmitidos o reconocidos, un existir dentro de la continuidad histórica y de la tradición. (…)
La cultura es el mundo propio del hombre (…) Lo que caracteriza al hombre es el espíritu, y éste puede ser entendido no sólo como una espontaneidad, sino también como un conjunto de formas que fueron antes vivas y espontáneas y que poco a poco se transforman en estructuras rígidas, en modelos. Cultura es, como dice Scheler, humanización, pero esta humanización se refiere tanto al ‘proceso que nos hace hombres’ como al hecho de que los productos culturales queden humanizados. (…) La cultura debe ser, en fin de cuentas, algo que tiene sentido para el hombre y sólo para el hombre.

FERRATER MORA, José. Diccionario de filosofía (tomo I). Barcelona, Ariel. 2009. 957 p. 6a. ed. ISBN 978-84-344-8801-4. p. 762-763.

 

La evolución de los significados de la palabra cultura ha sido compleja. Procediendo de las voces latinas cultus y colere (cuyo significado es tanto cultivo como culto) tuvo que ver primero con la acción humana sobre la tierra (la labranza) antes de referirse a una característica de los humanos (las personas, colectividades o países “cultivados”).

GINER, Salvador, ed.; LAMO DE ESPINOSA, Emilio, ed. y TORRES, Cristóbal, ed. Diccionario de sociología. Madrid, Alianza. 2001. 895 p. ISBN 84-206-8670-0. p. 167.

 

Alfred Weber se limita tan sólo a extraer la consecuencia de un concepto de cultura vigente desde hacía ya tiempo cuando define: ‘cultura’… es simplemente aquello que es expresión espiritual (anímica), querer espiritual (anímico) y, por lo tanto, expresión y querer de un ‘ser’, de un ‘alma’ situada por detrás de todo dominio intelectual de existencia y que en su afán de expresión y en su querer no se preocupa por la finalidad y la utilidad…”. “De aquí surge el concepto de cultura como forma de expresión y liberación de lo anímico en la sustancia existencial espiritual y material.

MARCUSE, Herbert. Cultura y sociedad: acerca del carácter afirmativo de la cultura. [En línea] . Infoamérica  El portal de la Comunicación.   [Fecha de consulta: 22 octubre 2015]. Disponible en: http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/marcuse1.pdf. p. 13.

 

Este término, derivado del latino colere = cultivar, significa originariamente el cuidado y perfeccionamiento de las aptitudes propiamente humanas más allá del mero estado natural (cultura como cultivo del espíritu). La Antigüedad y la Edad Media tenían para esta idea los términos humanitas, civilitas. En los siglos XVII y XVIII el concepto se amplió. Entonces se entendió también por cultura aquello que el hombre añade a la naturaleza, sea en sí mismo, sea en otros objetos (cultura como suma de bienes culturales). Mientras, según esto, naturaleza significa lo que es innato en el hombre y, además, lo que existe fuera de él sin su intervención, cultura abarca todo aquello que debe su origen a la intervención consciente y libre de aquél. Sin embargo, tanto el origen como el fin enlazan entre sí naturaleza y cultura. Pues la capacidad humana creadora de la cultura puede, en verdad, perfeccionarse después, pero originariamente hunde sus raíces en la naturaleza; es innata. La cultura, igualmente, encuentra su verdadero fin en el perfeccionamiento de la naturaleza del hombre. La dirección y medida de la actividad creadora de la cultura están esencialmente determinadas por ella. Para Lévi-Strauss la cultura puede comprenderse como un conjunto de sistemas simbólicos (sistemas de signos).

UNIVERSIDAD Nacional Autónoma de México Seminario y Taller de Investigación "Arquitectura y Humanidades". Glosario. [En línea]. Arquitectura y Humanidades. 1999. [Fecha de consulta: 22 octubre 2015]. Disponible en: http://www.architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/glosario/glosario_ad.htm

 

Se echa de ver que, en el fondo de lo anteriormente manifestado, se encuentra una concepción bien determinada de la cultura y de sus cimas de plenitud. Es decir, se encuentra determinado concepto de la cultura, que parte de fenómenos cuyas raíces no pueden ya concebirse en forma naturalista y cuya adaptación a la vida estudia. (…)
Naturalmente, como “cultura” también puede entenderse algo totalmente distinto. Podrá asimilársela al progreso de la civilización o sólo hablar de ella, en general y sin otra diferenciación, cuando se tienda a determinada formación total anímicoespiritual, como, por ejemplo, la de la libertad, igualdad y fraternidad, o cuando se llegue a ella.

WEBER, Alfred. Sociología de la historia y de la cultura. Buenos Aires, Argentina, Galatea Nueva Visión. 1957. 180 p. Colección El hombre, la sociedad y la historia. p. 31-33.

 

Cultura urbana: Modo de vida y de comportamiento basado en las relaciones superficiales e interpersonales, el individualismo, la segmentación de roles, la competencia, la secularización y la movilidad, que caracteriza a los individuos de las grandes ciudades contemporáneas en contextos de desarrollo económico.

ZOIDO NARANJO, Florencio; DE LA VEGA BENAYAS, Sofía; MORALES MATOS, Guillermo; MAS HERNÁNDEZ, Rafael y LOIS GONZÁLEZ, Rubén C. Diccionario de geografía urbana, urbanismo y ordenación del territorio. Barcelona, Ariel. 2000. 406 p. ISBN 84-344-0519-9. p. 113.

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